El Loare

Justo en esa esquina con la Rambla Pulido, era el Loare un lugar preferido para las reuniones de la “Politóxica” una banda de lo más inquietante y amenazadora, para los tiempos que corren. Al parecer el antro era una tapadera de estraperlo de abrazos y besos resonantes y bien dados.

La jefa de la banda era una conocida en el hampa del cariño verdadero y la sonrisa natural. Su mano derecha se presentaba, en apariencia, como una dulce señora de cierta edad, pero que en realidad era una hábil torturadora. Su especialidad eran las cosquillas a pluma o bien a dedo.

El dueño del bar un atravesado en toda regla, siempre al tanto del trasiego y el menudeo que se daba en la barra, al mismo tiempo que se hacían los mejores bocadillos de la ciudad.

La camarera una mujer misteriosa que daba el “agua” cuando presentía por los alrededores a la autoridad impertinente. Ella Louise, la camarera fingía un ataque epicentrito muy bien llevado y rico en estertores de todo tipo.

La jefa de la banda, Lucía Sanandres se ponía a silbar como una cafetera y su ayudante Inés Arzola sujetaba entre sus brazos a la camarera por los suelos. Así con todo aquel plantel de rarezas y modales de costureras finas solventaban la mayor y escapaban en el “intre”.

Al final cada mochuelo a su olivo y aquí ni cucu, ni coco. Un mundo raro.

Un cuento chiquito. Juan Carlos Tacoronte.

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