Barro

Había una vez un hombre que hizo de barro un mundo que luego lleno de agua. Allí, aquel hombre con tierra escarbada, con sueño en las manos y una cantinela de pies mojados, se ponía a bailar sobre todo eso, para armar con esa mezcla, objetos que se acercan a los ojos como un poema, a los labios como un beso.

El hombre calaceaba la tierra mojada y ella se dejaba. Cuando ya tenía en el pensamiento la forma, allí mismo como un dios en la tierra iba levantando su criatura. Aquella se abombaba por la cintura y al llegar a la boca se estrechaba como si fuera a darte un beso. Con fuego cogía el tono aquella forma sutil, contenedora de cosas sencillas pero importantes.

Después José Montesdeoca, con las manos de barro alisadas, sin que nadie lo viera, empurraba la boca y con su propio aliento le daba el alma a la pieza.

Un cuento chiquito. Un mundo raro.  Juan Carlos Tacoronte.

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