Fuerteventura es otro personaje principal de “La Isla del Viento”

Un paisaje desolado que se evapora en el suave contorno que dibujan las montañas en el azul del cielo. La soledad acompaña la diversidad de parajes, donde la belleza de lo inhóspito se humaniza con un puñado de casas, tendidas al sol como “jareas”. El horizonte majorero pende del hilo que cuelga en la caña de ir a pescar a los charcos que deja la lluvia torrencial y africana.

En el interior de la isla rodamos en medio de escenarios naturales de primer orden. Me parece que Unamuno se encontró a sí mismo en medio de tanto silencio, roto a veces, por los rebaños de cabras que van de un lado a otro, buscando el verde hasta debajo de las piedras, ellas, hacen los caminos, marcan las veredas que atraviesan el llano entre volcanes y gavias. Allí a veces el viento empuja con demasiada urgencia a las nubes y las deja hechas girones. Los cernícalos planean en el cielo, buscando de memoria, la raíz del agua escondida y contemplan desde la altura, el trabajo de los hombres y a las mujeres de la isla. Todo se va haciendo al “golpito” y la sombra de cualquier gajo es bien agradecida.

La Isla del Viento está impregnada de esta belleza profunda, frugal y misteriosa.

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