Pandeayer

Narración oral escénica.

PÚBLICO: JUVENIL y ADULTO. 

. A partir de 12 años

DURACIÓN: 60 MINUTOS.

. Este artilugio se adapta a teatros, espacios escénicos, salones de actos y bibliotecas.


PANDEAYER

Producción. Guión. Dirección: Juan Carlos Tacoronte

Narrador: Juan Carlos Tacoronte


NARRAR ES CONTAR LA VIDA

A tientas vamos por el mundo y la vida entre sus luces y sus sombras, sigue siendo un misterio.

Una madre busca sentido para levantarse y poner los pies en el piso, después de la larga noche, insomne. Esa madre hace cola para la bolsa, ya saben, macarrones, garbanzos y lentejas, salchichas tulipán y arroz. Ella limpia escaleras y cuida a una señora impedida, a cuatro euros la hora, ella trabaja pero no le alcanza, no le alcanza…

Narrar es contar la vida, si ponemos asunto, todo nos está contando algo, alguna cosa de todo eso, valdrá la pena para ser contada. Como los árboles, nuestras raíces tejen los lugares por donde nos cruzamos, todo lo que sucede, nos sucede a todos.

Contar es algo tan humano como el pan, que pusimos sobre la brasa, hace ya más de cuatro mil años. El pan es igual que el corazón que late en el pecho de los hombres sin trabajo o de las mujeres mal pagadas haciendo el mismo trabajo que sus hermanos, corazón y pan, se endurece con el paso de los días.

“Pandeayer” es otro artilugio de “cuentería”, la vida y la épica de un chiquillo que aprendió a nadar en una letrina y que comía libros de matemáticas y otras “filosogerías”. Andaba de casa en casa pidiendo el sobrante y el pan seco le hacía poner los ojos en blanco, mirando para el cielo, como si fuera un santo de tiza.

2030+CABILDO a Caja+TAE


Juan Carlos Tacoronte se forma como actor en la Escuela de Actores de Canarias, y posteriormente en Barcelona y Madrid. Descubre la Narración Oral Escénica cuando participa en una de las ediciones del Festival Verano de Cuentos en el Municipio del Sauzal, Tenerife, España. Desde esa fecha hasta hoy en día han pasado más de quince años. En sus inicios, comenzó contando cuentos tradicionales de otras culturas y otros autores.


Las mujeres de mi familia narraban la vida como si nada.

Desde el 2006 pone en valor las historias y el legado familiar y cultural de su tierra, unido al paisaje sureño de la isla y la medianía. Lugares entre valles, volcanes y el llano, allí donde se siembra la tierra y el lenguaje.

El patio era –y es– un templo; un pequeño paraíso aquí en la tierra. En él, todas esas mujeres eran las guardianas de la memoria. Fueron ellas las que dieron valor a la palabra dicha; ellas inventaron la esperanza, pájaro de vuelo alto y profundo.

Desde hace más de diez años vengo escribiendo pequeños relatos, que agrupo en “Un Mundo Raro, Un Cuento Chiquito”. En ellos, las historias que oí contar en aquel patio se mezclan con fabulaciones de mi puño y letra, pero siempre envueltas por los matices de una tradición agraria, volcánica, social y humana.

Es justo con cada uno de esos insólitos relatos con los que construyo mi palabrero, un artilugio o cuerpo “cuentil” que inicio con algún poema escénico de mi autoría o de otros autores.


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