No Sé Qué Decir

Narración oral escénica.

PÚBLICO: JUVENIL y ADULTO. 

. A partir de 12 años

DURACIÓN: 60 MINUTOS.

. Este artilugio se adapta a teatros, espacios escénicos, salones de actos y bibliotecas..


NO SÉ QUE DECIR

Producción. Guión. Dirección: Juan Carlos Tacoronte

Narrador: Juan Carlos Tacoronte


EL EMBELESO ES LA PALABRA QUE CAUTIVA Y NARRA LA VIDA COTIDIANA.

En él se ofrecen varias narraciones que van entremezclándose, y cuyo hilo conductor es un patio donde la familia se reunía. Una propuesta sobre la memoria, el paisaje humano, el trabajo en los campos y los valores comunitarios, que convoca el acervo cultural de un pueblo agrícola en un tiempo que ya pasó, y nos ayuda a saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Es justo con cada una de esas narraciones con las que construyo No sé qué decir, un palabrero que tiene la vocación de embelesar y morder. El embeleso es la palabra que cautiva y narra la vida cotidiana.

Todo puede suceder; cualquier cosa sin que nadie se lo espere, pues la vida se llena de asombro, de alegría, de tristeza y de dolor. Si nos rompemos porque el golpe ha sido contundente, no hay más remedio que juntar los pedazos, amarrarnos con verguillas y seguir; seguir creyendo que es posible fabricar la esperanza, pájaro de vuelo alto y profundo.

La mordida es aquello que sucede cuando en este artilugio se mezcla lo poético y lo social, con el fin de convocar una reflexión que nos llene de interrogación y acción para cambiar la realidad. (Crítica César Yanes)


Espectáculo inscrito en el  Circuito Canario Islas de Música, Teatro y Danza. Gobierno de Canarias.


logogobcan


Espectáculo inscrito en Tenerife Artes Escénicas 2019. Cabildo de Tenerife.


2030+CABILDO a Caja+TAE


Juan Carlos Tacoronte se forma como actor en la Escuela de Actores de Canarias, y posteriormente en Barcelona y Madrid. Descubre la Narración Oral Escénica cuando participa en una de las ediciones del Festival Verano de Cuentos en el Municipio del Sauzal, Tenerife, España. Desde esa fecha hasta hoy en día han pasado más de quince años. En sus inicios, comenzó contando cuentos tradicionales de otras culturas y otros autores.


Las mujeres de mi familia narraban la vida como si nada.

Desde el 2006 pone en valor las historias y el legado familiar y cultural de su tierra, unido al paisaje sureño de la isla y la medianía. Lugares entre valles, volcanes y el llano, allí donde se siembra la tierra y el lenguaje.

El patio era –y es– un templo; un pequeño paraíso aquí en la tierra. En él, todas esas mujeres eran las guardianas de la memoria. Fueron ellas las que dieron valor a la palabra dicha; ellas inventaron la esperanza, pájaro de vuelo alto y profundo.

Desde hace más de diez años vengo escribiendo pequeños relatos, que agrupo en “Un Mundo Raro, Un Cuento Chiquito”. En ellos, las historias que oí contar en aquel patio se mezclan con fabulaciones de mi puño y letra, pero siempre envueltas por los matices de una tradición agraria, volcánica, social y humana.

Es justo con cada uno de esos insólitos relatos con los que construyo mi palabrero, un artilugio o cuerpo “cuentil” que inicio con algún poema escénico de mi autoría o de otros autores.


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