Teatromínimo. Maestro de ceremonias

Teatro-minimo

Un hotel en el centro, cinco habitaciones con cinco propuestas en los lenguajes escénicos de la danza, el teatro, la narración oral y la ópera.

Las propuestas en apariencia tal vez no tengan un vínculo entre sí a primera vista, pero si dejas la cabeza en la recepción y subes con los cinco sentidos a flor de piel verás como en los pequeños detalles, las sutilezas que se van desgajando de cada uno de los artilugios, queriendo y bebiendo todo al final son piezas de una historia misteriosa que toque a tus sentidos y desate a tus sentimientos.

Esta experiencia nace como nacen las cosas que brotan del ánimo y el deseo. Mónica Lorenzo es una mujer de la casta de Quijano, aquel de la triste figura y de la lanza en astillero. Contra viento y marea tiene atracado en el Puerto un pequeño galeón donde pone la vida y los sueños. Este barco es una sala de teatro con espacios multidisciplinario a favor de la cultura y la ciudadanía.

Desde hace unos años ella y unos cuantos entre los que me incluyo llevamos el proyecto de teatro Mínimo en el hotel La Maga. Don Pepe es su dueño y desde hace cuatro años apuesta generosamente cediendo parte del hotel para realizar esta acción reivindicativa. La califico así porque su naturaleza es un grito dentro del festival Mueca. La sala navega a duras penas y a mi entender no recibe suficiente apoyo de las instituciones locales.

Este año hemos consumado otra jornada satisfactoria, los cuatro pases que llevamos a cabo estaban más que repletos.

En la primera propuesta se hallaba Miguel Anguel Batista, actor y narrador oral, su oficio y palabrero llegó, tocó y provocó la risa y el juego con su Cuentos entre las sábanas.

Acerina Amador, bailarina convocó espacio y atmósfera. Su dibujo corporal hizo que viéramos la fragilidad y el sometimiento, para terminar con un dibujo inquietante y reivindicativo con su pieza Placeres extraños repito placeres extraños.

Irene Perez, actriz de largas jornadas propuso con un texto de Gabriel García Marquez una propuesta que emocionó con una mujer que se declaraba con ánimos para seguir siendo real y mandar a la mierda a quién hiciera falta.

Cristina Hernadez con un texto de su puño y letra presentó un puñado de trozos humanos. Humanidad destilada por la piel de una mujer llena de luces y sombras donde planeaba el espíritu amenazador de una Medea contemporánea. Mordiò al repetable con su Do you love me.

Y para el final El brindis de La Traviatta estaban los cantantes de ópera Pablo Baez y Margarita Díaz que colmaron al final las expectativas brindando con cava del bueno el público animado y muy estimulado. Hasta el año que viene.