Un Mundo Raro. Un Mundo Chiquito en #VilaflordeChasna

Hemos narrado toda la vida. Narrar es contar la vida. Desde que salimos de la cueva hemos seguido contando como si aún estuviésemos alrededor de aquel fuego encendido. El contar historias nos sigue cautivando tanto como contemplar las llamas de cualquier fogalera, porque el embeleso es el alma tanto de la historia que se cuenta o del fuego que se enciende.

Un mundo raro, un cuento chiquito, es un artilugio de narración oral escénica. Aprendí a contar escuchando a las mujeres del patio donde crecí. Allí hacían y deshacían, contaban y hasta cantaban en las celebraciones familiares.

Todas las vidas merecen ser contadas. La memoria es un fuego encendido, como el que había en aquella cueva, de la que parece que salimos, pero ese fuego de alguna manera sigue encendido y para mantenerlo es necesario ir echando algo para que no se aparque su llama.

Un mundo raro, un cuento chiquito, se llena de memoria, humor, poesía y compromiso con la vida.

Ésta vez, llegar a Vilaflor de Chasna es como volver a la casa donde padre nació hace ya mucho tiempo. El caserío de Jama fue la patria chiquita, donde mi padre jugó de niño y se hizo un hombre bueno. De mi madre aprendí el coraje y de padre la ternura; que en él era un “brillor” en los ojos o una suave sonrisa por debajo de la nariz. Esa tierra inculcó en él y en su familia tanta nobleza como bondad, sus manos jornaleras sembraron en la suya la misma semilla que todavía no se ha “bichado”.

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