Crítica Javier López

Un mundo raro, un cuento chiquito, de Juan Carlos Tacoronte.

Se abre el telón. Un hombre solo ocupa el espacio. Camina, cada vez más alocado, tropieza, para volverse a levantar, para continuar con su carrera circular, a ninguna parte, al mismo lugar. Al tiempo, por fin descansa, recupera el resuello y con calma pela y mastica una manzana, símbolo de pecado, de tentación, de pensamiento libre sin ataduras morales, sin paraísos hipotecados

A partir de ese momento, Juan Carlos Tacoronte despliega su Macondo particular, el de “allá abajo, en el Sur”. Su cuerpo enjuto y su verborrea le bastan para transformar el escenario en un patio de Buzanada, un jardín de flores enlatadas en el que creció, donde escuchó las historias que le ayudaron a descifrar los enigmas cotidianos.

Tacoronte parte de sus raíces familiares, aparceros sin tierra, para elevarse a la actualidad. Y lo hace con mirada ácida, interrogante, rebosante también de humor y de ternura. Entra y sale del papel, de sus tics de clown a sus recursos más dramáticos, de la anécdota del bar de su barrio actual al texto clásico… Todo le es útil para hilar, también con “verguillas”, este universo complejo que habitamos.

Finalizado el espectáculo, esos cuentos chiquitos se nos cuelan en los bolsillos, para volver a asomar en cualquier momento, obligándonos a rumiar este mundo raro.

 

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