Agarrando la muerte con las manos

agarrando la muerte con las manos

La muerte es como nacer, dijo una vez un viajante de los que llegaban en fotingo por la General a los patios, allí tendía su colcha turca y se desparramaba la mercancía. Samir, ese era su nombre, y su bondad llegaba desde la mar hasta la cumbre. Una vez le oí contar lo siguiente:

Anónimo.

Una mujer de Hebrón oyó decir en un patio de Gaza, que la mujer de Said el zapatero, estando ya de nueve meses de gestación, escuchó como los gemelos en su matriz conversaban. Uno le decía al otro_ Oye hermano ¿tú crees que después del nacimiento hay vida? El otro respondió muy claro, _ Hermano esto es lo que yo creo, después del nacimiento no hay nada. Uno nace y se acabó todo. A esto respondió el hermano que preguntaba, _ Pues créeme que siento que si hay algo. Uno nace y lo que sucede es misterioso y profundo, aunque nadie haya vuelto después de nacer, hay un océano maravilloso al que volvemos porque a él pertenecemos.

El 31 de octubre la casa olía a llama, que se prendía con guata empapada de aceite, luego vinieron las de pábilo de cera con cartón, se ponían a flotar. A los muertos de mi casa por cualquier cosa se les encendían una vela, se les recordaba y se pedía su intercesión en cualquier asunto de vital importancia. Oí decir a mis mayores, que los ranchos de ánimas venían de puerta en puerta por el día de finados. Eran grupos de hombres que pedían la limosna para las almas benditas del purgatorio, lo que se recaudaba se entregaba al cura del pueblo para que hiciera las misas. Sobre una mesa se brindaba con castañas, nueces, higos pasados y vino dulce. Allí se nombraba y recordaba a los finados de la familia, las anécdotas se mezclaban con las risas y las emociones.

Se habla poco de la muerte en nuestra sociedad de consumo. Este sistema de mercado arrasa con la profundidad y la memoria, la actualidad se impone, la información es somera y nos satura. Bajo su peso, seguimos hacia adelante como el burro persigue la zanahoria que su amo cuelga de un hilo que pende de una caña; este horizonte de pacotilla nos emborracha y nos deja inactivos ante lo esencial. Vida y muerte siguen siendo un misterio. Ser, sentir que pertenecemos a una totalidad que no cabe en nuestra cabeza, no es una ilusión religiosa sino todo lo contrario, morir es como nacer.

“Agarrando la muerte con las manos” es una expresión palmera que oí decir a un buen amigo del Paso.

Con este título vamos a presentar un puñado de cuentos, donde la muerte y la vida se mezclan con las risas y las emociones.

Muchas de estas historias ya las he contado en otros palabreros pero esta vez, con Piroska al chelo y una puesta en escena, queremos hacerles llegar entre cuento y cuento, la historia de nuestro legado en Canarias, el origen y la tradición de este día de finados, nuestro acervo es un fuego encendido que tenemos que mantener sin que se extinga.

Les esperamos el día 31 de octubre en la sala de teatro de la Biblioteca del Estado, en Santa Cruz, calle Comodoro Rolín, sin número.

La entrada es gratuita, sin invitación, hasta completar aforo.

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