Crítica Jodi Sonsola

UN MUNDO RARO, UN CUENTO CHIQUITO

Anoche volvió a suceder, que vi a Juan Carlos Tacoronte en el escenario. En doce días seré yo el que esté ahí arriba, sobre las tables de Timanfaya.

Anoche volvió a suceder que me estremecí hasta la médula y más allá. Ya lo dije todo sobre Juan Carlos en otras ocasione, no quiero repetirme. Verlo, encontrarme con él por ahí, me hace inmensamente feliz. Es como encontrarme con algo íntimo, con un ser débil e inmenso a la vez. Con lo que quisiera ser y que ya soy cuando lo veo. La imagen recurrente que me invade al verlo es una aurora boreal y la de una piedra de esas del sur, liviana y áspera. Todo eso y más cosas que no sé ni decir.

Pero es que anoche sucedió otro encuentro de los que me sacuden. En el teatro estaba Paquito Nogales. Otro ser inmenso. Por primera vez pude darle un abrazo. Otro ser que me conmueve. Paquito es pura lava y también el aire que un ave remueve en su vuelo.

Dos personajes que no hacen poesía. Son poesía. Son dos niños inmensos. Ellos también se encontraron por primera vez. Soy inmensamente feliz. Me importa un pimiento ya lo del viernes veinticinco. No sabré hacer lo que ellos hacen, por supuesto. Haré lo que quiero hacer.

Quiero nombrar también a Mónica, la mujer que dirige la Sala Timanfaya y posibilitadora de estos encuentros que son pura magia. Gracias Mónica por provocar la unión de esos inmensos continentes de humanidad.

Vayan a sentir “Un mundo raro, un cuento chiquito”. Búsquenlo.

Jordi Sonsola.

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