Altozano

Las del altozano llegaron las primeras con su medio luto y los labios encarnados. La del medio decían que era espiritista y masona porque anduvo con uno que leía más de la cuenta. Estas hermanas habían tenido pretendientes a punta pala pero les pareció que la soltería era más llevadera, sobre todo por los cuartos y las rentas que de sus padres habían recibido.

Cándida era la mayor, tenía el moño más apretado de toda la municipalidad, las orejas grandes, bien adornadas de oro y de coral, la boca siempre a medio cerrar. Luciana la de la mancha en la cara era bien alta y seca como palo de gamona seca, la más chica y la más desinquieta.

Arminda era la del medio, al padre se le cayó de los brazos y se quedó petudita, cosa que ella nunca ocultó porque no se podía. Allí en el celebratorio del beato, la espiritista dijo alto y claro que doña Carmen Polo se le aparecía en una gaveta donde guardaba la mantelería de recibo.

Aquello creó gran expectación, hasta dijo que aparecía repeinada con el joyerío de perlas, broches y dijes, dice ella que hasta daba olor a laca Nelly y a Nivea. La más chica del altozano se quedó callada y se guardó para si, que a ella se le aparecía Torrebruno en una botella de anís del Mono. Eran bobáticas y encantadoras. Un mundo raro.

Un cuento chiquito. Juan Carlos Tacoronte.

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