La flor de la Milana

“Apósate mariposa en la flor de la Milana, apósate que yo no te hago nada”. Después brincaba y se reía con toda la cara encendida como una noche de fuegos por el día de la patrona.

Toda esa alegría que desparramaba dejaba a su paso rostros ambles y cómplices. Aquel patio, pequeño bosque enlatado, era un mundo por donde pasaba la vida con sus milagros del tres al cuarto, pero una vida bien bonita.

De Aniceto Fuegosanto dicen que la muerte lo besó en la cuna y que por eso se quedó niño para siempre. Su madre Argelia Cabeza lo quiso por trescientos. Amor de madre, amor sin condiciones. Un mundo raro.

Un cuento chiquito. Juan Carlos Tacoronte.

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