Amor secreto

Sagrario tenía un amante secreto. Hacía el amor con un árbol al que adoraba, como si aquellos encuentros con él, fueran siempre una despedida sin remisión. Aquel algarrobo tenía por lo menos más 80 años. Viejo y todo con aquel tronco retorcido y nudoso, con aquella copa ancha, se esmeraba en hacerle el amor de oído a Sagrario Clavijo Temprano.

Los encuentros eran a esas horas en las que el camino se despejaba o cuando caía la noche oscura y cómplice. Aquella forma de hacer el amor era… Unas veces tan desesperada y furiosa, como en otras, lenta, casi sin tocarse, hacían el amor con roces muy leves e intensos, como si tuvieran todas las certezas tendidas al sol. Sus gritos de placer estremecían la montaña.

La daban por loca, porque la veían caminar sola por los barrancos, no quería andar por donde se tropezara con nadie que fuera persona, hombre, mujer o chiquillos. Llevaba a sus cabras a los riscos más altos donde nacen las hierbas santas, la sal del cielo y el bocado de dios bendito, que guarda para las criaturas llenas de gracia.

No había hombre en toda la comarca que tirara piedras como ella, ni mejor queso que el suyo. Cuando era menester se la veía llevar el queso y las hierbas a casa de una madre de leche con la que se crió hasta los diez años. Todo el mundo quería uno de aquellos ejemplares sabrosos. La envidia es un jugo grasiento que va minando el orgullo sin coraje de más de uno.

Sería terminando septiembre, cuando viniendo de un baile, un grupo de magallotes quisieron escarmentar a la pastora del risco por su altivez y por gobernarse sola. Acordaron sorprenderla cuando todavía estaban los luceros iluminando el cielo.

Ella dormía en un corralito muy cerca de sus cabras. Entre seis la amarraron a su amado árbol e hicieron de ella lo que quisieron. Peleo lo que pudo, gritó con toda su alma, se enroscó como lombriz de tierra pero todo eso entusiasmó si cabe más a los muchachos.

El árbol susurró su nombre pero ella no respondía. Con las ramas más bajas la desató y la fue limpiando como si quisiera borrar aquel atropello. Con sus raíces abrió un agujero para guardar el cuerpo sin vida de Sagrario golpeada y abusada. Al día siguiente lo más comentado fue que aquella higuera frondosa junto al algarrobo, había nacido de la nada, otras decían que era cosa de brujas y hubo quién dijo que la desaparición de la pastora tenía bastante que ver con aquello. Un mundo raro.

Un cuento chiquito. Juan Carlos Tacoronte.

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