Crítica de ‘Eloísa está debajo de un almendro’

Eloisa-600x350La compañía Morfema Teatro ha elegido, para su nuevo espectáculo, una pieza del dramaturgo Jardiel Poncela. Propulsor del Teatro del Absurdo en la escena española y coetáneo de Mihura, da a luz este texto en los cuarenta.

En esta pieza están todos los ingredientes del gran teatro de Jardiel, con sus situaciones inverosímiles, su gusto por el humor inteligente y personajes excéntricos. Eloísa está debajo de un almendro está impregnada por el estigma de la locura, es tema que más preocupa a los personajes (estar cuerdos o dejar de estarlo, justificar su locura o aparentarla ante los demás). Este tema ya en sí tiene muchos matices cómicos, que si se enriquece con los brillantes diálogos de Jardiel, unas buenas interpretaciones, y un toque de novela negra obtendremos un espectáculo que palpita sano alegrando los corazones de los espectadores.

La puesta en escena es sencilla, funcional y simbólica. Se distinguen dos actos por la escenografía: el primero donde hay repartidos varios cuadrados tridimensionales de madera por el suelo del escenario a la izquierda y una cama con cortina corredera al lado derecho (este decorado representará la casa de los Ojeda); y el segundo donde hay un armario gigantesco a la derecha atrás y un banco a la izquierda delante compensando la escena (que representará la casa del galán Fernando y su tío).

Hay que felicitar la dirección de Ricardo del Castillo, ya que logra que todos los personajes estén vivos, activos, sean excéntricos a la vez que reales y todo lleve un ritmo ligero hasta el final. Salvo por las escenas con trazas naturalista-realista (que narran situaciones del pasado o de fuera de la escena) que sí se hacen pesadas por su estatismo, el resto de la pieza es todo un homenaje al mejor teatro cómico y absurdo de este país.

Los personajes de galán y de dama (representados por César Yanes y Sofía Privitera) son los más sobrios, aunque están cargados de excentricidades. Les siguen los tíos, que son el puente entre la sobriedad y el desmadre; muy buenas estas interpretaciones de la mano de Nieves Bravo y Javier Peña. Y para acabar, el público se enamora de tres personajes (¡que levantan a un muerto de la tumba para reír por última vez!): la pareja de criados de los Ojeda, Juan Carlos Tacoronte y Antonio Conejo, que hacen una pareja tan buena como cualquier dúo cómico de Hollywood que se os pueda ocurrir; y una tercera ficha del juego que interpreta Carmen Hernández, haciendo honor al concepto de “secundarios de lujo” ya que aunque pasa por la escena rápida cuál paloma, deja su estela impregnando todo de disparate. FUENTE: MASTEATRO

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